¿Cómo entiendes la amistad?

por Luis Alejandro el 1 de julio de 2010


Hace algunos años cuando finalicé de escribir Doce Arquetipos sanadores, un librito clínico sobre el sistema floral del Dr. Edward Bach, me ví ante la difícil prueba de escribir una dedicatoria coherente y nada “sensibilera”, pretendiendo no caer en los clichés más comunes, como “A mi madre con todo mi amor…” o “A mis padres por su apoyo…”, etcétera, pero no logré escapar del todo, pues al inicio de la dedicatoria se puede leer:

“A mi Madre:

El arquitecto diseñador

que trazó los planos.

A mi Padre:

El artífice constructor

que culminó la Gran Obra…”

Me refería con ello a los planos de mí mismo, de mi propia persona, pues si alguien ha tenido que ver con convertirme en la persona que hoy día soy fueron mis padres.

Dilema semejante se me plantea hoy cuando escribiendo sobre la amistad, he querido hacer un relato más bien intimista, relatando alguna experiencia personal sobre el tema en cuestión.

Me considero más bien una persona solitaria que amiguera, disfruto mucho de la introspección y tengo poco tiempo al día –entre la atención a mis pacientes, el trabajo editorial, la actividad académica y la vida en familia– para dedicarlo al cultivo de mis amistades.

Sin embargo, tengo la fortuna de ser querido por muchas personas –a la vez que también no hago migas con muchas otras– entre las cuales se encuentran algunos verdaderos amigos, muchos menos, debo aclarar, de los que podrían ser si dedicara más tiempo al sumo placer de la amistad. Sobre este tema me declaro acorde con Baltasar Gracián y Morales cuando afirma: “Lo bueno, si breve, dos veces bueno; lo malo, si poco, no tan malo.”

Mi madre fue mi primer referente con respecto a la amistad, al menos dos de sus amigas han sido “de toda la vida” y desde pequeño aprendí que eran mis “tías”, así de estrecha es la amistad que vive mi madre adoptando a sus amigas como hermanas. Y es que para ella no se aplica eso de que “los familiares se te asignan, pero las amistades las buscas”, porque me atrevo a decir, sin temor a equivocarme, que su amiga más cercana es su hermana inmediata mayor.

En mi madre he podido observar una amistad sembrada de amor, lealtad, compasión, preocupación constante, entrega y sacrificio –esa palabrita que poco gusta a los dueños de un “yo exaltado”–, y la he visto en muchas ocasiones amar con mucha intensidad, casi siempre atemperada con gran sabiduría.

Tales son las características de la amistad que he aprendido de mi madre: amor, lealtad, compasión, entrega, intensidad. Mientras que de mi padre aprendí sobre este tema: alegría, espontaneidad, complicidad, abundancia, compartición. Su forma de vivir era más libre que la de mi madre, pero tan intensa como la suya. Estos son mis referentes.

Hoy me descubro a mí mismo tratando de vivir según tales ideales, matizados por mi propias experiencias, efectivas o no, con respecto a la amistad.

Me gustaría que me compartieras cuáles son tus propios referentes y que tal te ha ido tratando de vivirlos.

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