Ella y Él

por Luis Alejandro el 17 de julio de 1997

Existen aves de hermosos colores y tan bello plumaje que no puedes mantener en cautiverio. Cuando las liberas todo tu ser se entristece, pero tu ser más íntegro, la mejor parte de ti, se alegra por su libertad.

The Shawshank Redemption

I

Terminó de hacer sus labores, se sentía cansada y triste. Se desvistió lentamente preparándose para el baño. Le dolían la espalda, las piernas y los brazos. Cuando salió del baño se sentía un poco mejor. Se sentó frente a la ventana, donde podía ver las estrellas mientras peinaba su frágil cabello y recordaba tiempos pasados. Tiempos alegres y llenos de color.

II

Cuando lo encontró era medio día. El sol brillaba y la suave brisa agitaba con delicadeza las tiernas hojas de los árboles cercanos. Lo encontró bajo la gran jacarandá que crecía en el jardín. Tenía una de sus alas rotas y el cuerpo magullado. Le preparó una jaula: amplia, limpia, seca y cómoda —pensó—. La preparó con papel periódico y un simpático bebedero que encontró. Llenó el bebedero y puso abundante comida en el piso junto a éste. Luego lo metió a Él.

III

La noche obscura reinaba cuando despertó. Sintió su ala rota y gimió de dolor. ¡De pronto se percató de su cautiverio! Sin importarle el dolor agitó las alas intentando levantar el vuelo. Gritó, y su grito sonó como un silbato de barco: redondo, agudo y audible. Era más fuerte que diez mil campanas tañendo al unísono. Comenzó a golpear la jaula frenéticamente, su dolor de cautiverio era mayor que el dolor de su cuerpo. Mientras tanto, Ella seguía soñando.

IV

Soñaba plácidamente en flores, en personas de otros tiempos. En rostros alegres del pasado. La alegría, la dicha, la compañía que hace tiempo no sentía la soñaba hoy. Despertó muy de mañana. Mientras salía el sol, se bañó y se vistió. Se sentía cómoda y relajada, lo cual no le extrañó, aun cuando mucho tiempo ha que no se sentía así. Fue a buscarlo.

V

Encontrarlo fue ya muy tarde. El ángel había muerto buscando la libertad. “¿Por qué? —se preguntó— ¡lo cuidé y sané, lo limpié y alimenté!” Y la anciana lloró. Ella sólo quería alguien con quien platicar. Alguien que la hiciera olvidar esa soledad que su familia le causó desde el momento en que la abandonó: Su soledad de vieja.

A Paula Castillo

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{ 7 comentarios… read them below or add one }

Claudia Cantú 23 de agosto de 2009 a las 13:21

Hola LAHR: Gracias por participarme de este espacio, que muchas sean las bendiciones que los acompañen en su transitar conjunto a los demás a quienes asisten.

Luis Alejandro 24 de agosto de 2009 a las 12:25

Muchas gracias Claudia. Bendiciones para tí también.

Lourdes Bosch 24 de agosto de 2009 a las 13:23

Me interesa mucho recibir sus artículos…. como me inscribo?

Un beso.

Lourdes

Luis Alejandro 24 de agosto de 2009 a las 13:24

Lourdes — Por favor sigue este link para suscribirte. Muchas gracias. Saludos cordiales.

Silvia Tawil 24 de agosto de 2009 a las 16:26

Está increíble!!!

Ricardo Balderas 24 de agosto de 2009 a las 19:28

Que bueno está, muchas felicidades, estaré al pendiente para obtener más de estos artículos. Un abrazo.

Luis Alejandro 25 de agosto de 2009 a las 11:17

Silvia — Muchas gracias por tus comentarios.

Ricardo — Si te suscribes siguiendo este link para recibir las actualizaciones por correo electrónico te llegarán directamente a tu bandeja de entrada. Así ninguna se te perderá. ;-) Saludos cordiales.

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