Espiritualidad descafeinada, deslactosada y lite

por Luis Alejandro el 1 de noviembre de 2009


A partir de los sesentas existió un cambio en la conciencia global que dio paso a lo que hoy se conoce popularmente como la espiritualidad New Age, una espiritualidad fácil, sencilla de llevar, sin grandes compromisos, superficial y desarticulada.

Esta espiritualidad fue el resultado natural de varias décadas de represión social, política y religiosa —así como del sufrimiento derivado de dos grandes guerras— que motivó al ser humano a hacerse preguntas que la “postura” oficial no podía responder, además de buscar obtener un estado de mayor libertad que el entonces ostentado, y que al mismo tiempo respondiera al engrandecimiento del yo, pues además de libertad, se buscaba alivio, singularidad e independencia. Así mismo, surgió contrapuesta a la “religiosidad” entendida como el conjunto de restricciones, reglas y sufrimientos que debían vivirse para alcanzar la gloria, la salvación, la iluminación, el cielo, o el nirvana, según el credo del que se trate. Así, desde un principio, la espiritualidad de hoy, surgió entintada de necesidades primarias tales como sosiego, seguridad, gratificación inmediata de los deseos, etcétera; es decir, de la obtención de un estado primordial, paradisíaco y total, muy parecido al estado de pleno confort del interior del vientre materno. Lo que por definición es regresivo y no apunta a una mayor integración y madurez del ser humano.

Por ejemplo, la metafísica, tal como Conny Méndez la entiende y no como la disciplina filosófica de los antiguos, está totalmente orientada a la satisfacción de los deseos personales, a través del pensamiento mágico y la utilización ordenada, organizada y ritual del pensamiento. Observemos también, el caso de la meditación, ya no entendida como un sistema de entrenamiento mental, que permite el estado de Unidad, según Patañjali la describió en los Yoga Sutras, sino como la mera relajación del cuerpo y los estados emocionales y mentales que todos los días nos acompañan. Todo lo cual pretende el manejo de energías sutiles o concretas para controlar el mundo externo y así evitar que éste nos frustre.

Esta forma de entender lo espiritual está hoy día tan difundida y extensamente practicada que una espiritualidad profunda —como un camino de transformación individual y de integración voluntaria y compasiva con nuestro entorno y aquellos que nos rodean— resulta un tabú post-moderno, ya que atenta contra la individualidad, la comodidad y la búsqueda de felicidad personal.

¿Cuál será entonces el camino medio entre una religiosidad dura y muchas veces extremista, y una espiritualidad lite, incluso fashion para algunos, que sobre todo ensalza la singularidad y el bienestar psico-corporal? Y lo que es más, ¿existe tal camino?

Mi apuesta es que sí, que se puede volver a sacralizar lo cotidiano, no a través de grandes sacrificios y restricciones, o meros actos “religiocistas y ceremoniales”, ni de la práctica de una espiritualidad “descafeinada, deslactosada y lite”, sino de una vida disciplinada de auto-conocimiento; observación infatigable de la realidad desde una postura libre de juicios, pero profundamente discernidora; además de una dedicada comprensión del mundo que nos rodea y nuestro papel en el mismo, como factores de cambio y transformación; lo que finalmente nos vinculará con lo verdaderamente trascendente y espiritual.

¿Se animan?

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{ 1 comentario… read it below or add one }

Lissa V. Borrayo 15 de julio de 2010 a las 13:40

Qué lindo mensaje Luisito y buenísimo el título. Te quiero mucho y se te extraña montones.

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