Los obstáculos de la elección

por Luis Alejandro el 1 de diciembre de 2009

Ser o no ser… He ahí el dilema.
Hamlet, acto iii, escena 1.

El libre albedrío es la marca personal del ser humano. Se espera de él, desde incluso antes de su naci­miento, que comience a hacer elecciones, pero elegir no siempre es fácil o incluso posible, pues existen muchos obstáculos a la maravillosa capacidad de elegir.

A veces al pretender elegir nos asalta una duda, en ocasiones una incapacidad, en otras un argu­mento silencioso, inconsciente dirían algunos, el que parece elegir por nosotros sin que siquiera nos de­mos cuenta, o más angustiante aún, dándonos cuenta, pero sintiéndonos imposibilitados de evitarlo. Y aún otras, la ignorancia nos impide hacerlo. Estos son algunos de los obstáculos que he podido observar frecuentemente.

Por ejemplo, Esteban, duda de sí mismo al elegir, pues piensa que no sabe suficiente y que cualquier otro podría elegir mucho mejor que él, pidiendo entonces siempre consejo, cambiando de un rumbo a otro, volviéndose cual veleta sin saber hacia donde apuntar. Su poder de decisión se ve afectado por su inseguridad sapiencial.

Frida, en cambio, cuando quiere elegir algo tan simple como tomar un café o comprar un helado, y no digamos nada de lo verdaderamente complicado, y se enfrenta a diversas opciones, no sabe cómo hacerlo, se angustia y acaba eligiendo al azar (“de tín marín…”), pues cuando tiene frente a sí, más de una opción que le resulta atractiva, teme perder algo al elegir sólo una de las opciones. Su capacidad de discriminación se ve mermada por su incapacidad de sacrificio.

Roberto, por otro lado, es tan inseguro y tímido, buscando incansablemente la aceptación social, que pareciera no tener identidad propia, sino cual camaleón, ir cambiando sus gustos, necesidades y metas, conforme al entorno del momento. Así, su posibilidad de elección se ve opacada por lo compla­cenciente que es hacia todos los demás.

María, es un caso diferente, ella simplemente pareció no saber que contaba con tan fabulosa ca­pacidad, cuando chica sus papás elegían por ella, así, le escogieron un esposo que continuó eligiendo por ella, dónde vivir, cuántos hijos tener, dónde educarlos, cómo llevarse con ellos, a quién preferir, y un incansable etcétera, más tarde, cuando su esposo faltó, sus hijos se hicieron cargo y ella nunca pudo elegir nada por sí misma, e incluso resulta un enigma saber si siquiera lo deseó, pues su facultad electiva, parecía no haber sido desarrollada.

A Beile le sucede distinto, ella no es insegura ni tímida, sabe elegir y frecuentemente lo hace muy bien, pero su dolor más grande lo ha tenido que enfrentar al repetir, sin pretenderlo, un argumento ocul­to en su historia personal, que la ha cegado y conducido por derroteros inimaginables. Su libre albedrío no ha sido tal, pues ese guión oculto, desde algún rincón incógnito, ha logrado que su actuar se ajustara a lo prescrito.

A mí, por supuesto, me ha pasado como a todos ellos, y de tiempo en tiempo, he tenido que en­frentarme con la sorpresa de que no he sabido o podido elegir, o aún más, que ni siquiera me he dado cuenta de cómo he elegido.

Para tales casos, la creencia en la existencia de una guía interior que reorienta mi andar y me lleva a corregir lo equivocado, creencia atemperada con la firme convicción de que el destino no es algo que tan sólo nos pasa, sino que también nosotros le acontecemos al mismo, me ha dado consuelo.

¿Y tú, has podido siempre elegir?

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{ 1 comentario… read it below or add one }

Lourdes Bosch 10 de noviembre de 2009 a las 13:47

Me encanto el tema de “Elegir”.

Disque libre albedrío, escogemos pocas cosas…..

Lourdes

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