Misma escena, toma dos… ¡Acción!

por Luis Alejandro el 1 de enero de 2010

Rita llegó a terapia buscando sanar las heridas que, según creía, una infancia dura y de maltratos le había dejado; así, contó a su terapeuta cómo su niñez había transcurrido entre abandonos de sus padres y abusos varios de sus hermanos.

Para ella era particularmente duro pensar que sus padres no la habían querido nunca lo suficiente, pues buena parte de su niñez habían estado trabajando duramente sin dedicarle casi nada de tiempo. Rita le contaba a su terapeuta que seguramente esto se debía a que ella no era lo suficientemente lista o capaz para ser lo que ellos deseaban.

Siempre se había considerado algo fea, tonta e incapaz para enfrentar las situaciones diarias de la vida, que mucho le atemorizaban.

Un buen día, Rita salió de terapia sintiéndose distinta, se había dado cuenta, que la historia que siempre se había contado no era exactamente así, que lo que ella había creído que eran unos padres distantes eran en realidad dos personas responsables, muy preocupadas por el bienestar familiar, y sin los recursos suficientes para que uno de ellos no trabajara.

La historia comenzó a cambiar y con el paso de los meses, ella pasó de ser una mujer con una infancia insufrible a ser la hija de una pareja con valores y cualidades dignas de admiración y respeto; lo que la llevó a adueñarse de su propio destino, sin tomarse las dificultades y sinsabores como algo personal, sino como los retos intrínsecos a la vida.

Así, se hizo consciente de que muchas veces sin darse cuenta coloreó su historia de tal manera que la atrapaba en la inmovilidad y el sufrimiento sin posibilidad de crecer, porque no es lo mismo “ser una mujer que no vale la pena porque ni sus padres la quisieron”, que ser una mujer que se sabe amada —no necesariamente como ella hubiera querido, pero amada al fin—, y con la capacidad de hacerse cargo de aquello que no sale exactamente como ella desea.

Esta toma de conciencia de sí misma le permitió a Rita reinventarse, y en ese acto, reinterpretar un capítulo de su vida a la luz de su nuevo yo; uno menos condicionado por sus recuerdos y, por lo tanto, menos cargado de restricciones e infelicidad.

Como Rita, cada uno de nosotros poseemos la capacidad de reinventarnos diariamente, —con terapia o sin ella— para no quedar atrapados en una visión rígida y antigua de nosotros mismos, sin posibilidad de cambio o nueva expresión.

Y tú, ¿qué tan listo estás hoy para reinventar tu historia y así adquirir mayor responsabilidad de tu propio destino?

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